Y los perros en los jardines... .

No estabas anoche y la avenida gritaba,
y las paredes de mi casa gritaban,
y la gente en las calles gritaba,
y los perros en los jardines
y los sueños en mi cabeza.
No estabas y no estaba yo.
Caía desde las altas barandillas de tus besos,
en mi escote una flor se desprendía
como muerta del susto de tu ausencia.
Tuve miedo del agua que ensombrecía el cielo,
de la música que salía por todas las grietas,
tuve miedo de amarte, de la fuerza que ardía
en la marea de sentimientos íntimos,
de mis dulces secretos que rastrean solitarios
tu nombre.
Tú, no estabas anoche, pero el espacio físico
estaba lleno de ti.
En el aullido tibio del mar oí tu aliento,
en la lluvia indecente vi tu orgasmo,
en el pecado de la copa de ron
sentí tus manos abrasando mi cuerpo,
en mi misma te vi,
dentro, profundo, como cuando esas noches
en las que evito amarte.
Tu no estabas anoche y yo gritaba,
grité unas diez mil veces tu nombre en el silencio
y se partió de pronto la cadencia del cielo
y llovió
y llovió tu mirada, tu boca, tu infinito
sobre mi cuerpo triste
sobre mi cuerpo débil,
mojado y silencioso
paseando tu ausencia en la avenida.

