
En la máxima conciencia de lo salvaje,
en lo estrepitoso del ruido de dos cuerpos amándose,
en el gemido ambiguo del orgasmo,
en la sima indiscreta de esos ojos que bien son, para mi,
dos ambarinas contradicciones cobardes.
En lo tuyo que comienza a ser lo mío,
en la negación de no querer sentir
contra la ambición de desear sentirte todo,
dentro, profundo, mío.
En medio de la noche partida,
donde me acuesto con tu imagen rondando,
donde me levanto en el vómito del día
con tu imagen abordando mi pecho,
con mi pecho, tan tuyo que no es mío.
Nos he fallado,
he violado el principio que sostiene nuestro juego maldito.
Juré no amarte nunca
y ahora,
ya
es
tarde.


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