dimecres, d’octubre 24, 2007

Y los perros en los jardines... .


No estabas anoche y la avenida gritaba,

y las paredes de mi casa gritaban,

y la gente en las calles gritaba,

y los perros en los jardines

y los sueños en mi cabeza.

No estabas y no estaba yo.

Caía desde las altas barandillas de tus besos,

en mi escote una flor se desprendía

como muerta del susto de tu ausencia.

Tuve miedo del agua que ensombrecía el cielo,

de la música que salía por todas las grietas,

tuve miedo de amarte, de la fuerza que ardía

en la marea de sentimientos íntimos,

de mis dulces secretos que rastrean solitarios

tu nombre.

Tú, no estabas anoche, pero el espacio físico

estaba lleno de ti.

En el aullido tibio del mar oí tu aliento,

en la lluvia indecente vi tu orgasmo,

en el pecado de la copa de ron

sentí tus manos abrasando mi cuerpo,

en mi misma te vi,

dentro, profundo, como cuando esas noches

en las que evito amarte.

Tu no estabas anoche y yo gritaba,

grité unas diez mil veces tu nombre en el silencio

y se partió de pronto la cadencia del cielo

y llovió

y llovió tu mirada, tu boca, tu infinito

sobre mi cuerpo triste

sobre mi cuerpo débil,

mojado y silencioso

paseando tu ausencia en la avenida.